miércoles, 25 de marzo de 2015

Camino de dirección única

¿Cuál es el registro que puede dejar el camino después de andarse?

El orden de objetos propios es, en parte, la construcción de una historia nuestra, tener, poseer algo es buscar ese registro de lo real. Simplemente conservar en un mismo lugar un conjunto de cosas.
Todos acumulamos, cogemos, agarramos cosas para seguir construyendo nuestras vidas. Imágenes, conocimientos, recuerdos, escritos, dibujos…. Lo que sea. Tenemos una extraña necesidad de poder sobre lo otro, hay que poseer algo mientras nos movemos en el tiempo que nos ha tocado.

Soy acumuladora, lo confieso, pero creo que el disfrute no está en tener algo, sino en obtenerlo
Andar por ahí y ver una flor, una tapa, un papel arrugado, una muñeca calva o cualquier cosa y que te llame la atención. Como es algo – la mayoría de las veces- insignificante para otros, lo agarras, te lo llevas, lo guardas y lo tienes . ¿Para qué? Pues para nada, para tenerlo, para verlo no más, o complacerse en ello,  para guardarlo, para olvidarlo y después recordar si llega, esa calle, esa persona, o ese día, o no recordar que también da lo mismo. Después te das cuenta de que la flor que era roja, roja, roja rojísima, es café, pero además ya no cuenta nada y aún así se queda aplastada en el mismo libro que hace rato no se abre en la misma habitación
.
Pero también hay cosas que hablan solas, pedazos de tiempo de otros que llegaron a nosotros, una foto que tomó quien sabe quien hace quien sabe cuantos años, un juguete que le tocó a su mamá y a la mía, un libro que tiene una dedicatoria con corazonsitos para alguien que no conoce ni la persona que me lo regaló. Cuando alguien muere, por ejemplo, deja una casa, ropa, muebles, maquillaje usado o un recuerdo de una riza mueca y además deja la huella del espaldar de su silla en la pared , para sus hijos, conocidos o familiares hay una memoria que hace que esas cosas antes pobladas por un ser querido estén cargadas de una historia.

 Claro, no solo es el efecto del tiempo. La  capacidad de transformar, o intervenir así sea desde el simple orden, es lo que nos da la idea de un poder sobre lo otro, porque en realidad esa cosa, esa materia nos pertenece en un juego, en un movimiento del que no se conoce un único sentido o fin, un movimiento que se responde a si mismo.

Lo otro, ajeno al cuerpo propio, lo que poseemos, acumulamos y queremos tener. La forma en que  ordenamos y disponemos en un lugar algo o  el uso que le damos a los objetos y las transformaciones que sufren por nuestra presencia son también una forma de historizarnos, de reconstruir ese tiempo libre e ir andando la calle.

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